Trucos para dar sabor a un arroz sin caldo (y que quede increíble)
Trucos sencillos y prácticos
Cómo potenciar el sabor del arroz sin caldo con ingredientes sencillos
El caldo es un ingrediente que el arroz agradece (y mucho) en su resultado final, es cierto, pero no es un imprescindible. Un arroz puede quedar increíblemente sabroso también usando solo agua, eso sí, siempre que sepas cómo potenciar su sabor desde el principio, ya que, bien lo sabemos todas, es uno de los alimentos que más insípidos pueden quedar.
El problema no es la falta de caldo, sino la falta de base. Cuando el arroz se cuece simplemente en agua, sin preparación previa, el resultado suele ser plano y muy poco atractivo. Pero con unos pocos ingredientes estratégicos, el sabor puede potenciarse de manera increíble y efectiva.
De hecho, muchos arroces tradicionales empiezan concentrando el sabor antes de añadir el líquido y ahí está precisamente el truco. El secreto se encuentra en aprovechar ciertos ingredientes que aportan sabor, tostado y profundidad al cereal. ¡Vamos a ello! ;)
El sofrito: la base que transforma el arroz
Antes de añadir el agua, el primer paso clave es crear una base que concentre el sabor. Sofríe ajo, cebolla o verduras y verás que diferencia. Y es que, el sofrito libera compuestos aromáticos que se adhieren al arroz y permanecen durante la cocción.
Los mejores ingredientes para este tipo de sofritos son: ajo picado (recuerda que el ajo cambia de sabor e intensidad dependiendo cómo se corte), cebolla, pimiento y tomate triturado o concentrado. Cocinarlos en aceite durante unos minutos intensifica su sabor y crea una base mucho más rica que el agua sola.
Y no, no es lo mismo cocinar por separado las verduras y el arroz y posteriormente juntar ambos. El arroz se cocina en el mismo sofrito con un paso clave que te explicamos a continuación.
Tostar el arroz (el truco más importante)
Este paso marca una diferencia enorme en el resultado final y muchas veces se ignora. Tan sencillo como saltear el arroz en aceite antes de añadir el agua.
Cuando el arroz se tuesta ligeramente, conseguimos darle un sabor más profundo al dejarlo absorber los jugos del sofrito y, además, también gana en textura. Y es que, este proceso hace que el arroz tenga más personalidad, incluso sin caldo.
Solo hay que remover el arroz durante 1-2 minutos con el sofrito hasta que se vea ligeramente nacarado. Una vez listo, ya podemos agregar el líquido, ya sea agua o el caldo.
Especias y condimentos que multiplican el sabor
Las especias son una forma rápida y eficaz de potenciar el arroz y, prácticamente, cualquier plato. En caso del arroz, unas de las mejores opciones son pimentón dulce o ahumado, cúrcuma, pimienta negra, laurel y azafrán.
El pimentón ahumado, por ejemplo, aporta un sabor profundo similar al de un caldo. Añadirlas al sofrito ayuda a liberar sus aromas en la grasa.
Ingredientes umami que sustituyen el caldo
El umami es el sabor que hace que un plato resulte intenso y reconfortante. La clave está en elegir y conocer bien los ingredientes para que aporten ese extra de sabor. Rápidos y eficaces, estos serían unas muy buenas opciones para potenciar el sabor de un arroz sin caldo:
- Tomate concentrado
- Champiñones picados
- Salsa de soja (en pequeñas cantidades)
- Queso curado rallado
- Anchoas picadas
El tomate concentrado, por ejemplo, es especialmente eficaz porque aporta glutamatos naturales, responsables del sabor intenso.
Aromatizar el líquido marca la diferencia
Aunque se use agua, también se puede convertir en un líquido lleno de sabor. La clave está en infusionar el agua antes o durante la cocción. Para ello, se puede añadir al agua una hoja de laurel, piel de limón, ajo entero o hierbas aromáticas.
Estos ingredientes liberan aroma durante la cocción y transforman completamente el resultado. De lo más sencillo y eficaz.
La grasa adecuada potencia todos los sabores
El aceite o la grasa ayudan a transportar el sabor por todo el arroz. Puedes usar tanto aceite de oliva como mantequilla, el propósito es que además de sabroso, también mejore la textura haciéndolo más jugoso (y con la mantequilla, algo más cremoso).
Incluso una pequeña cantidad marca una gran diferencia. Como buen ejemplo de ello tenemos los risottos, que con la mantequilla fundida destacan con un sabor mucho más especial, sin mencionar la textura.