Pizza napolitana
La auténtica pizza italiana más crujiente.
Preparar una auténtica pizza napolitana en casa es más sencillo de lo que parece si cuidamos cada paso del proceso. Una buena masa de pizza casera necesita pocos ingredientes, pero sí tiempo y paciencia: un amasado adecuado y un reposo prolongado en frío serán los encargados de conseguir una masa ligera, elástica y llena de sabor.
Después llega el momento de estirarla con las manos, respetando ese borde grueso y aireado tan característico, cubrirla con una sencilla salsa de tomate y mozzarella y llevarla al horno a máxima temperatura. El resultado es una pizza casera con una base fina y un cornicione dorado y esponjoso que invita a comerla recién hecha.
Ingredientes
Para la masa:
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4 gramos de levadura seca de panadería
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320 gramos de agua
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500 gramos de harina tipo 00
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12 gramos de sal
Para la salsa:
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200 gramos de tomate triturado
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sal
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pimienta molida
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1 cucharada de aceite de oliva virgen extra
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200 gramos de queso mozzarella
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albahaca fresca
Raciones
4
Coste
Bajo
Dificultad
Media
Preparación
30 m
Cocinado
10 m
Tiempo total
40 m
Alérgenos
Gluten
Leche
Paso a paso
Para comenzar a preparar la masa, pon en un bol de amasado 4 g de levadura seca de panadero y disuélvela en 320 g de agua a temperatura ambiente. Mezcla bien y deja reposar durante 10 minutos para que la levadura se active. A continuación, incorpora 500 g de harina tipo 00 y mezcla hasta que quede completamente integrada. Por último, añade 12 g de sal y vuelve a mezclar.
Trabaja la masa con una amasadora y el gancho durante unos 10 minutos, hasta obtener una masa lisa, elástica y brillante. Si haces el amasado a mano, necesitarás trabajarla durante unos minutos más. Cuando esté lista, engrasa ligeramente un bol amplio con aceite de oliva, introduce la masa y cúbrela con un paño. Déjala reposar a temperatura ambiente durante 2 o 3 horas, hasta que haya duplicado su volumen. El tiempo dependerá de la temperatura de la habitación.
Una vez terminado el primer levado, espolvorea ligeramente con harina la superficie de trabajo y vuelca la masa. Divídela en cuatro porciones iguales. Bolea cada porción, formando bolas tensas y lisas, y colócalas en cuatro recipientes ligeramente engrasados con aceite. Cúbrelos con film o con bolsas que permitan que la masa tenga espacio para crecer y deja reposar en la nevera durante 24 horas.
Antes de preparar las pizzas, precalienta el horno a máxima potencia, con calor arriba y abajo, durante al menos 1 hora. Coloca en la parte inferior una piedra para pizza o una bandeja de horno colocada boca abajo para que se caliente bien.
Una vez terminado el segundo levado, espolvorea harina sobre la superficie de trabajo y coloca una porción de masa. Estírala con las manos, realizando movimientos circulares desde el centro hacia fuera y procurando no presionar los bordes. De esta forma, conseguirás una base fina en el centro y un borde más grueso y aireado.
Coloca cada base de pizza sobre un papel de horno. Para preparar la salsa, mezcla 200 g de tomate triturado con una pizca de sal, pimienta recién molida y 1 cucharada de aceite de oliva virgen extra. Reparte la salsa entre las cuatro pizzas, extendiéndola por la superficie y dejando libre el borde.
A continuación, reparte 200 g de mozzarella entre las cuatro pizzas y colócala en tiras sobre el tomate.
Hornea las pizzas de una en una, en la parte inferior del horno, durante unos 10 minutos. El tiempo puede variar en función de la potencia y temperatura máxima de tu horno. Estarán listas cuando los bordes estén ligeramente dorados, la mozzarella fundida y la base completamente cocida.
Una vez fuera del horno termina la pizza con unas hojas de albahaca fresca y sírvela caliente.
Consejos y trucos
Utiliza una harina tipo 00 con buena capacidad de absorción y alrededor de un 12-13 % de proteína. Este tipo de harina permite conseguir una masa elástica, fácil de trabajar y capaz de soportar una fermentación prolongada.
No tengas prisa con los levados. Una fermentación larga aporta sabor y mejora la textura de la masa. Puedes hacer un primer levado en bloque, con toda la masa, y después dividirla y formar las bolas para continuar con un segundo levado.
La nevera es una gran aliada para alargar la fermentación. Una vez boleadas, deja las porciones en frío durante 24 horas. Antes de estirarlas, sácalas de la nevera con suficiente antelación para que se atemperen y la masa esté más relajada y fácil de manejar.
En un horno doméstico, precalienta durante al menos una hora a máxima temperatura y utiliza una piedra para pizza o una bandeja colocada boca abajo y bien caliente. Colocar la pizza sobre una superficie muy caliente ayuda a que la base se cocine rápidamente y quede bien hecha.
Si preparas pizza con frecuencia, un pequeño horno específico para pizzas puede marcar una gran diferencia. Al alcanzar temperaturas mucho más elevadas que un horno doméstico, permite reducir considerablemente el tiempo de cocción y conseguir un borde más hinchado, aireado y ligeramente tostado, mientras el centro permanece fino y tierno.