El truco de la abuela para que las magdalenas queden esponjosas
Los mejores trucos para que las magdalenas queden tiernas por dentro y suban bien en el horno
Pocas cosas apetecen tanto, ya sea para desayunar, merendar y disfrutar entre horas, como una buena magdalena casera recién hecha, con su miga tierna y ese copete dorado que sobresale del papel. No obstante, conseguir que queden altas y esponjosas no siempre resulta tan sencillo como parece, sino que a veces, sobre todo en las primeras veces, salen planas, quedan duras al enfriarse o quedan demasiado compactas por dentro.
Nuestras abuelas ya sabían que, muchas veces, el secreto está en los pequeños detalles. Batir bien los huevos, dejar reposar la masa y tener paciencia con el horno. Nada de ingredientes raros ni técnicas imposibles, solo algunos trucos de los de toda la vida que siguen funcionando.
Si quieres recuperar el sabor de las magdalenas de toda la vida, hay varios trucos que merece la pena probar. Te contamos cuáles ayudan a conseguir una miga más ligera, cuáles favorecen el copete y qué errores conviene evitar para que salgan mucho mejor.
Deja reposar la masa en la nevera
Este es uno de los trucos más interesantes si buscas unas magdalenas con copete alto. En lugar de repartir la masa en los moldes y hornearla inmediatamente, tápala y déjala en la nevera durante unos 30-60 minutos.
Y es que, el contraste de temperatura importa. El reposo permite que la harina se hidrate y se enfríe la masa antes de hornearla. Al entrar en un horno caliente, ese contraste de temperatura puede favorecer que las magdalenas crezcan durante los primeros minutos. No es un truco infalible, pero sí merece la pena probarlo en casa.
Bate los huevos con el azúcar hasta que estén espumosos
Para conseguir una miga ligera en ésta y otras masas, conviene incorporar aire desde el principio. Bate los huevos con el azúcar hasta que la mezcla esté más pálida, espumosa y haya ganado volumen.
No tengas prisa en este paso, pero tampoco pienses que batir durante más tiempo siempre mejora el resultado. Cuando añadas la harina (tamizada mejor), cambia de estrategia: intégrala poco a poco y mezcla solo lo necesario para evitar que la masa quede correosa.
Utiliza aceite para conseguir una miga tierna
Las magdalenas tradicionales suelen prepararse con aceite, que ayuda a mantener una sensación de jugosidad incluso cuando se han enfriado. Puedes utilizar aceite de oliva suave si quieres un sabor delicado o uno con más personalidad si te gusta que se note su sabor en la masa. Cambiar el tipo de aceite, no significa que puedas cambias las cantidades a ojo.
El aceite no convierte automáticamente cualquier receta en una magdalena esponjosa. Respeta las proporciones indicadas, porque un exceso de grasa puede alterar la estructura de la masa. La textura final de cualquier receta de repostería depende del equilibrio, en este caso, entre huevos, harina, azúcar, líquido y grasa.
Hornea con el horno bien caliente
Un error de lo más habitual es introducir las magdalenas antes de que el horno haya alcanzado la temperatura adecuada. Precalentarlo bien ayuda a que la masa empiece a crecer desde el principio.
Algunas recetas tradicionales, por ejemplo, comienzan con una temperatura alta y después la reducen para terminar la cocción. Sigue las indicaciones de tu receta, ya que no todos los hornos funcionan igual y, ante todo, no abras la puerta a cada rato.
Durante los primeros minutos, evita abrir el horno para comprobar cómo van. Este gesto tan habitual, lo único que provoca es que la temperatura del interior del horno baje frenando el crecimiento de la masa. Vigílalas a través del cristal y espera hasta que se acerque el final del horneado para comprobar si están listas.
Usa un molde rígido y no llenes demasiado las cápsulas
Coloca las cápsulas de papel dentro de una bandeja con cavidades para mantener mejor su forma mientras la masa crece. Así evitas que se abran hacia los lados y no queden compactas.
En cuanto a cuánta cantidad de masa añadir para cada magdalena como orientación, lo mejor es llenar cada cápsula hasta unas tres cuartas partes de su capacidad y no más. Si te pasas, la masa puede desbordarse y si, por el contrario, pones muy poca, las magdalenas quedarán más pequeñas.
Aromatiza el azúcar con ralladura de limón
Sin conocer la ciencia que se escondía tras ello, un truco que hemos visto en muchas casas a manos de nuestras abuelas es el añadir un poco de limón tanto a la masa de los bizcochos como de las magdalenas para que queden más esponjosas.
Dentro de una explicación algo más técnica, esto ocurre por la reacción efervescente que libera dióxido de carbono al combinar la acidez de la fruta con la levadura. Estas burbujitas son, precisamente, justo las que hacen que la masa suba y quede ligera.
Como extra, déjanos recomendarte, además, añadir ralladura de limón, pero con un pequeño detalle. Antes de mezclar los ingredientes, frota el azúcar con la ralladura de limón utilizando las yemas de los dedos para liberar los aceites aromáticos de la piel del cítrico y conseguir un aroma más intenso en el dulce.
Después, incorpora el azúcar a los huevos y continúa con la receta habitual. Es un truco sencillo que no hará que suban más por sí solo, pero sí puede mejorar el sabor y recuperar ese toque casero tan característico de las magdalenas caseras de toda la vida.