Hornazo
Una empanada tradicional rellena de embutidos perfecta para compartir en celebraciones
El hornazo es una empanada típica española muy ligada a Salamanca, donde es todo un símbolo gastronómico. Se suele comer durante el Lunes de Aguas, una fiesta popular que se celebra justo después de la Semana Santa y que marca el fin de la Cuaresma, momento en el que vuelve a estar permitido comer carne.
Este plato consiste en una masa de pan suave y ligeramente esponjosa, rellena con ingredientes contundentes como chorizo, lomo de cerdo y jamón. Sabroso y bastante contundente, el hornazo es perfecto para compartir al aire libre y disfrutar de una tradición que mezcla comida y celebración.
Ingredientes
Para la masa:
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15 gramos de levadura fresca de panadero
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500 gramos de harina de fuerza
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10 gramos de sal
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1 cucharadita de pimentón dulce
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60 gramos de manteca de cerdo
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30 gramos de aceite de oliva virgen extra
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50 mililitros de vino blanco
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150 mililitros de agua
Para el relleno:
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6 filetes de lomo de cerdo
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16 rodajas de chorizo
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4 lonchas de jamón serrano
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1 huevo (para pintar)
Raciones
6
Coste
Bajo
Dificultad
Fácil
Preparación
40 m
Cocinado
1 h 5 m
Tiempo total
1 h 45 m
Alérgenos
Gluten
Sulfitos
Huevos
Paso a paso
Para empezar, prepara la masa. Disuelve 15 g de levadura fresca de panadería en un poco de agua templada (puedes tomar 3 cucharadas de los 150 ml totales). Mezcla bien y deja reposar unos 10 minutos.
Mientras, en un bol amplio añade 500 g de harina de fuerza, 10 g de sal y 1 cucharadita de pimentón dulce. Derrite 60 g de manteca de cerdo y agrégala. Incorpora también 30 ml de aceite de oliva virgen extra, 50 ml de vino blanco y el resto del agua templada junto con la levadura activada.
Mezcla primero dentro del bol con una cuchara de madera hasta integrar los ingredientes. Pasa la masa a una superficie de trabajo y amasa durante unos 5 minutos, hasta que esté lisa y homogénea. Colócala en un bol ligeramente engrasado, cúbrela con un paño y deja reposar 30 minutos.
Pasado este tiempo, la masa habrá aumentado su volumen. Divídela en dos partes iguales y reserva aproximadamente un cuarto de cada una para el enrejado. Estira una de las porciones grandes hasta formar un rectángulo de unos 30x22 cm.
Coloca la masa estirada sobre una bandeja de horno con papel vegetal. Distribuye encima 6 filetes de lomo adobado, cubriendo la superficie, pero dejando un borde libre de aproximadamente 1 cm. Añade después unas 16 rodajas de chorizo curado y, por último, 6 lonchas de jamón serrano.
Estira la otra porción grande de masa y colócala sobre el relleno, asegurándote de cubrirlo bien para poder sellar los bordes. Recorta el exceso si es necesario y sella presionando los bordes. Pincha ligeramente la superficie con un tenedor.
Con la masa reservada, estira otra capa y haz cortes para formar una rejilla decorativa. Colócala encima y pinta toda la superficie con huevo batido.
Hornea con el horno precalentado a 190ºC, con calor arriba y abajo, durante unos 45 minutos o hasta que esté bien dorado. Retira del horno, deja templar sobre una rejilla y ya estará listo para disfrutar.
Consejos y trucos
El hornazo se puede comer de varias maneras, pero como mejor se disfruta es templado, cuando la masa está tierna y el relleno jugoso. Aun así, también es muy típico comerlo frío, sobre todo en salidas al campo o celebraciones.
El chorizo es uno de los ingredientes clave, así que conviene elegir uno de buena calidad, mejor si es curado y con un ligero toque ahumado, para que aporte sabor sin soltar demasiada grasa.
El lomo de cerdo debe ser adobado, con especias como pimentón, ajo u orégano, ya que esto le da ese sabor característico y tradicional al hornazo.
El jamón también juega un papel importante, por lo que es recomendable usar uno bien curado y sabroso, que aporte ese punto salado que equilibra el conjunto.
La masa lleva tanto manteca como aceite porque así se consigue una textura más jugosa y equilibrada: la manteca aporta sabor y suavidad, mientras que el aceite ayuda a que no resulte pesada.
Es habitual añadir un poco de vino a la masa, normalmente blanco o tinto, lo que le da un aroma especial y mejora su textura tras el horneado.
Tradicionalmente se hacía en horno de leña, lo que le daba un sabor muy característico y un acabado más rústico. En casa, se puede conseguir un resultado muy bueno con un horno convencional. La rejilla decorativa que se pone encima no es solo estética, también permite que el vapor salga durante el horneado y evita que la masa quede húmeda.