Cold brew
Una bebida de café suave y refrescante para preparar en frío y disfrutar en verano
El cold brew es un método de infusión que se realiza totalmente en frío, sin que el café entre en contacto con agua caliente en ningún momento.
Su nombre significa literalmente extracción en frío y consiste en dejar el café molido sumergido en agua a temperatura ambiente o fría durante un periodo largo, normalmente entre 12 y 24 horas. Al evitar las altas temperaturas, el resultado es una bebida mucho menos ácida y con un perfil de sabor más dulce y suave que el café convencional.
Aunque hoy es tendencia en todo el mundo, su origen se remonta a siglos atrás, cuando ya se experimentaba con estas preparaciones lentas para conservar mejor el sabor.
Este tipo de café se suele tomar en un vaso con mucho hielo, ya sea solo, rebajado con un poco de agua o combinado con leche.
Ingredientes
-
30 gramos de café en grano
-
300 mililitros de agua
Raciones
1
Coste
Bajo
Dificultad
Fácil
Preparación
5 m
Tiempo total
12 h 5 m
Paso a paso
Muele 30 g de café con una molienda gruesa, similar a la textura de la sal marina. Evita un molido demasiado fino para que el sabor final sea equilibrado y no se amargue.
Coloca el café en un recipiente de cristal hermético y vierte 300 ml de agua fría filtrada. Tapa la mezcla y deja que infusione en la nevera entre 12 y 14 horas.
Filtra el resultado tras el reposo.
Sirve el cold brew el concentrado en un vaso con hielo. Si el sabor es muy intenso, puedes diluirlo con un poco de agua o leche y añadir edulcorante a tu gusto.
Consejos y trucos
Respeta la proporción ideal. Lo más recomendable es usar una relación de 1/10. Esto significa que, por cada gramo de café, debes añadir 10 mililitros de agua. Es el equilibrio perfecto para obtener un sabor intenso pero equilibrado.
Elige la molienda adecuada. El café debe quedar con una molienda gruesa, similar a la sal gorda. No debe ser demasiado fino porque, al estar tantas horas en contacto con el agua, un polvo fino amargaría el café, al ser difícil de filtrar.
Usa café recién molido. Si quieres notar todos los matices y aromas, lo ideal es moler el grano justo antes de empezar la preparación. El café ya molido pierde frescura y aceites esenciales muy rápido.
La calidad de los ingredientes es vital. Al ser una receta de solo dos elementos, un buen café de especialidad marcará toda la diferencia. No escatimes en la materia prima si buscas un resultado profesional.
El agua debe ser filtrada. El agua del grifo suele tener cloro o minerales que alteran el sabor final. Usar agua filtrada o mineral permite que el sabor del café sea el protagonista absoluto.
Utiliza un tarro con tapa. Si no tienes utensilios específicos, un simple bote de cristal con tapa hermética funciona de maravilla. Evita que el café absorba olores de la nevera mientras reposa durante horas.
Aprovecha la cafetera francesa. Es el utensilio ideal porque ya incorpora un filtro de malla metálica. Solo tienes que dejar la mezcla dentro y, tras el tiempo de reposo, bajar el émbolo para separar los posos cómodamente.
Controla el tiempo de reposo. No lo dejes menos de 12 horas ni más de 24. El punto dulce suele estar entre las 15 y 18 horas a temperatura ambiente, o un poco más si decides dejarlo dentro del frigorífico.
Aprende a diluirlo. Una vez transcurrido el tiempo y filtrado el café, lo que obtienes es un concentrado potente. Lo ideal es diluirlo al servir con un poco más de agua, leche o mucho hielo según tu preferencia.
No agites el recipiente. Mientras el café reposa, intenta no moverlo demasiado. Deja que la infusión ocurra de forma natural y tranquila para que el filtrado posterior sea mucho más limpio y eficiente.