Apúntate los precios

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Si quieres ahorrar dinero en el súper, sigue estos 10 consejos

Procura comprar la fruta a granel, fíjate siempre en el precio del kilo de cada producto y no trates de llenar el carro. Sigue estos consejos y lograrás ahorrar dinero cada vez que vas al súper.

El supermercado es ese territorio que ha pasado de centro de aprovisionamiento a escenario lleno de claves ocultas, con maniobras para que compremos según que cosa. No es fácil entrar con las cosas claras, la lista perfectamente apuntada y el dinero justo y acabar comprando lo que necesitamos: cuando llegamos a casa siempre nos topamos, por sorpresa, unas patatas fritas con sabor a judía verde o unas galletas para celiacos... para nosotros que no lo somos. Para lograr ahorrar en el súper y evitar el derroche, sigue estos 10 consejos.

Pasa de las bandejas de frutas y verduras. ¿Cuántas manzanas necesitas? ¿Dos? Vale, pues entonces, ¿por qué compras manzanas en bandejas en las que vienen cinco o seis? Si compras la fruta o la verdura a granel, evitarás sinsentidos como tener seis pimientos verdes en el frigo cuando solo necesitabas uno para hacer un pisto y de esto ya hace un mes...

¡A un euro! Fíjate en el precio del kilo. En la actualidad, mucha marcas ofrecen paquetes de embutidos a 1 euro. Aunque nos suele parecer un chollo, si miramos la letra pequeña comprobaremos si hemos hecho un buen negocio o no. Ejemplo: 80 gramos de pechuga de pavo a 1 euro, significa que el kilo andará por los 12 euros y medio. ¿Te convence?

Empieza a comprar en el centro del super. No lo dudes, la zona cercana a las cajas y la parte por la que accedes suele estar llena de productos no-tan-necesarios. Trata de evitar este lugar de tentaciones para dirigirte derechito a lo que te interesa. Ponte la norma de empezar a comprar en el centro del supermercado. Te irá mejor.

No tengas miedo a dejar algo. Hay veces en las que echamos algo en el carro y, de repente, caemos en la cuenta de que lo necesitamos. Hay estudios que señalan que las líneas de cajas son cada vez más estrechas para que no tengamos la tentación de dejar algún producto atrás. Aunque haya una importante cola, el producto vaya refrigerado o nos de vergüenza, tengamos siempre el arranque de dejar lo que no queramos.

Lleva los precios de los productos apuntados. Dice la ciencia que tendemos a recordar poca información sobre los precios. Huevos, leche, plátanos y poco más. El resto se nos escapa y tendemos a olvidar lo que cuesta una caja de cereales de desayuno o un paquete de salchichas. Llevar una lista de la compra con los precios que solemos pagar apuntados al lado nos evitará muchos sinsabores.

Ojo con las "promociones". En los laterales de muchos pasillos de supermercado, nos encontramos con los productos destacados. En muchas ocasiones, son artículos en oferta, pero, en otras, son tan solo novedades que las marcas quieren promocionar. Es decir, no están rebajados y su ubicación se debe únicamente a que el fabricante ha pagado por ponerlo en un lugar destacad.

Aprovecha los saldos por fecha de caducidad cercana. Estamos muy a favor de que los supermercados, en lugar de derrochar comida, acaben rebajando un 50 o incluso un 70% los precios de artículos con fecha de caducidad próxima. Es una manera estupenda de ahorrar y de conocer productos de alta gama que quizá de otro modo no hubiéramos probado nunca.

Vete siempre a comprar con el estómago lleno. Si acudimos al supermercado después de desayunar, comer o merendar, haremos una compra mucho más lógica y libre de antojitos. Si vamos con hambre, es casi seguro que acabemos echando en el carro cosas que no necesitamos pero que, ay, parecen tan deliciosas...

Trata de comprar cuando no haya mucha gente. Según diversos estudios, cuando acudimos a un supermercado en un momento en el que hay mucha gente comprando, tendemos a llenar el carro por la presión social. Además, vemos cómo el vecino echa en el carro un producto determinado y no podemos resistirnos a imitarlo...

No llenes el carro. Dicen los estudiosos del 'shopping' que los carros son cada vez más grandes, con la intención de que, al dejarnos llevar por el ansia de llenarlo (que mi familia no pase hambre, por Dios), acabemos echando mucho más de lo que necesitamos. Por eso, un buen ejercicio es el de nunca llenar hasta los topes el carro.

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