Aprende a detectarlas

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¿Qué son las grasas trans y por qué se añaden a los alimentos?

Aumentan el riesgo de enfermedades cardiovasculares, pero la Unión Europea solo restringe su uso en el caso de lactantes. Ah, y no deben confundirse con los transgénicos.

Las grasas trans están presentes en algunos tipos de bollería.
Las grasas trans están presentes en algunos tipos de bollería. | Pixabay

Todos hemos escuchado hablar de las grasas trans, y siempre ligadas a un empeoramiento de nuestra salud, en especial del riesgo de enfermedades cardiovasculares. Pues bien, ahora conoceremos qué son realmente en cinco sencillos puntos.

¿Qué son realmente las grasas trans?

Las grasas trans, también llamadas grasas hidrogenadas, son ácidos grasos que se crean en algunos procesos industriales de alimentos procesados. Su aparición es voluntaria, ya que con ellos queremos que cambie la textura del alimento. Se suelen coger ácidos grasos vegetales como materia prima, y se hidrogenan para que les cambie el punto de fusión. Es decir, convertirlos en sólidos para que den una sensación en boca más agradable. El término trans proviene del nombre del enlace que se genera en esta grasa (puede ser "cis" o "trans"). Por tanto, nada tiene que ver con los transgénicos, que son los alimentos u organismos modificados genéticamente.

Si no están presentes en los alimentos, y no son sanas… ¿Qué gana la industria añadiéndolas?

Principalmente mejores propiedades físicas para el alimento. Lo que en realidad sucede durante el proceso es que parte de las grasas vegetales poliinsaturadas de origen se transforman en grasas trans. Así se obtienen grasas y aceites para freír que son muy útiles para la industria alimentaria, puesto que ayudan a mejorar la conservación, el sabor y la textura de los productos.

¿Por qué son perjudiciales para nuestra salud?

Nuestro organismo los "confunde" y los incorpora en las membranas biológicas de las células, en el lugar donde irían los ácidos grasos saturados. Una membrana celular con ácidos grasos trans no es tan segura, es más permeable y hace que se oxide con más facilidad (proceso relacionado con el envejecimiento celular y aparición de numerosas patologías). De esta manera, un consumo elevado de estas grasas predispone a un mayor número de enfermedades cardiovasculares por los cambios en el colesterol y los triglicéridos: eleva el colesterol LDL (conocido vulgarmente como colesterol malo), también baja el HDL (colesterol "bueno") y hace además que las proteínas que transportan grasa y colesterol en sangre sean más oxidables y que puedan entrar más fácilmente a la capa más interna de nuestras venas, favorediendo la aterosclerosis.

Sus efectos no se restringen únicamente al riesgo cardiovascular, también facilita algunos procesos de creación de tumores, la aparición de diabetes tipo 2, e investigaciones más recientes lo relacionan con otros trastornos para los que abusan de estos productos como la depresión o la pérdida de memoria .

¿En qué alimentos se encuentran o tenemos una mayor cantidad?

En general, en alimentos que usan aceites vegetales que han recibido el proceso de hidrogenación. Si en la etiqueta aparecen los términos "parcialmente hidrogenado", indicaría que contiene este tipo de grasas. Pueden aparecer en algunos tipos de bollería industrial, comida para llevar, cremas preparadas o liofilizadas, gran parte de la comida rápida o 'fast food', snacks fritos, galletas o pasteles, también palomitas de maíz para el microondas, pastelería, patatas fritas de bolsa u otros aperitivos similares, pizzas congeladas, postres o helados y precocinados ultraprocesados como empanados, croquetas, etc.

¿Está regulada su presencia en nuestros productos?

La UE solo lo tiene regulado para lactantes, cuyos productos a nivel de ácidos grasos trans no puede ser superior al 3% del contenido total de materia grasa del producto. En Europa, solo Dinamarca, Austria, Suiza e Islandia han desarrollado una legislación que ha obligado a la industria a limitar al 2% la cantidad de grasa trans utilizada en todos los productos. Hay algunos supermercados que, voluntariamente, lo han querido eliminar de sus productos, pero no es obligatorio ni siquiera indicarlos. Este es el mayor problema ya que supone a día de una laguna legal muy importante.

Es recomendable reducir la presencia de alimentos ultra-procesados en nuestra dieta. Si bien es cierto, que no todo lo procesado es superfluo, por lo que ser selectivo en estas elecciones y mirar el etiquetado es la mejor a inculcar en casa, y sobre todo, no acostumbrar a los chavales desde pequeños a tomar este tipo de productos.

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