¿NADA O VES LA LUZ?

¿NADA O VES LA LUZ?

¿Qué pasa en tu cuerpo si dejas los lácteos durante un mes?

La polémica está servida. Para muchos dejar los lácteos es la solución a cualquier problema, físico e incluso emocional, y para otros una tontería como un templo. ¿Quién está en lo cierto? Ni idea, aunque tenemos nuestras filias, claro. Pero por si acaso vamos a repasar los argumentos de unos y otros.

La leche fresca vuelve.
La leche fresca vuelve. | Pixabay

La primavera pasada, me encontraba yo en pleno proceso de astenia, acompañada de su amiga alergia, cansada físicamente y abatida mentalmente, algo que nos ocurre a muchos durante estas época del año y que combatimos como buenamente podemos a base de gingseng y demás remedios naturales. Haciendo un reportaje para Cocinatis, le pregunté a una nutricionista (holística, en este caso) algún remedio para acabar con la fatiga y afrontar mejor esa cuesta arriba que suele ser para mí la primavera. “Deja los lácteos”, me dijo. Inmediatamente. “Deja los lácteos un mes y luego hablamos”. Me aseguró que, además, iba a haber un antes y un después en mi ciclo menstrual, que iba a desaparecer el dolor, la hinchazón, el genio. “La leche tiene hormonas de las vacas”, me dijo, “que interfieren con las tuyas”.

Cereales con leche. ¡Ups! | Wikipedia

Pese a que no me convenció demasiado la explicación, dejé los lácteos completamente durante un mes entero, y lo cierto es que, en mi caso, tanto mi astenia como mi ciclo menstrual continuaron exactamente igual. Desde entonces me pregunto si mi fue mi implacable falta de fe la que interfirió en el proceso y no dejó que mi cuerpo disfrutase de su nuevo estado, o si en realidad esta fiebre por dejar los lácteos es una gran campaña de marketing orquestada por quién sabe para vender bebidas vegetales y tofu. Una campaña de marketing que, de serlo, es magistral: qué bonito es encontrar un culpable para nuestras malas digestiones, nuestro mal humor, nuestros fracasos en la vida.

Preguntamos sobre el tema a la nutricionista Susana León, para saber si realmente nuestro estado va a mejorar si dejamos de consumir lácteos y, sobre todo, en qué vamos a notarlo. "Vamos a tener un déficit de calcio", asegura, "que tendremos que compensar de otra manera". Para León, el problema no es dejar los lácteos, sino hacerlo sin buscar alimentos alternativos que nos aporten las dosis necesarias de calcio, que tal vez no estábamos consumiendo hasta el momento. Para León, hay un caso y solo uno en que se deben abandonar los lácteos: la intolerancia. "Hay numerosas personas que son intolerantes a la lactosa o a la proteína de la leche de vaca. En ese caso sí que es obligatorio dejar de consumir lácteos. Si no, no hace falta. Al contrario", asegura la nutricionista, que se muestra tajante: "la fiebre anti-lácteos es una moda que no tiene ningún tipo de fundamento científico".

No lo ve así la coach nutricional y escritora Núria Roure, autora de libros como Detox Sen y Desayunos Sen, y partidaria de abandonar por completo la ingesta de lácteos para una alimentación saludable. "Los lácteos suelen sentar mal a la mayor parte de la gente, aunque a menudo ni siquiera somos conscientes de la infelicidad que nos produce comer de determinada manera", asegura. Para Roure, numerosos problemas digestivos, acidez, pesadez, náuseas o malas digestiones podrían resolverse dando un giro radical a la alimentación, como hizo ella misma tras años sufriendo problemas digestivos recurrentes. Para ello, no solo hay que retirar los lácteos, indigestos y pesados, sino también el gluten, y tener mucho cuidado con las combinaciones de alimentos, que pueden ser nuestra ruina.

Yogures | Agencias

Por su parte, el nutricionista Aitor Sánchez, autor de Midietacojea y divulgador de temas de nutrición, cuestiona la creencia de muchos anti-lácteos de que el ser humano es el único mamífero que toma leche una vez llega a la edad adulta. Sánchez explica que existe una enzima, la lactasa, que tenemos desde que nacemos y permite asimilar la leche, una enzima que la mayor parte de personas siguen teniendo cuando llegan a adultos. "El problema es que esta enzima deja de funcionar si abandonamos los lácteos, por eso muchas personas se quejan de intolerancia a la lactosa tras haber pasado temporadas sin consumirla". Más claro el agua: si los lácteos suelen sentarte bien y, por algún motivo, decides tomarlos sin lactosa o sustituirlo por bebidas vegetales, es probable que tenga problemas con ellos más tarde.

En la misma línea se manifiesta en naturista Marc Ams, nutricionista y autor de numerosos libros relacionados con la alimentación. "¿Desde cuándo son malos los lácteos? La leche es un alimento maravilloso. Lo ha sido siempre si prescindimos de argumentos desaforados y nos damos cuenta que los lácteos han sido tradicionalmente un alimento de fuerza y energía. Aquellos griegos que corrían maratones atribuían todo su vigor al melicatrón, que era una mezcla de leche con miel", afirma Ams, para quien "no hay que dejarse timar por estas cosas".

Los diez magníficos | Cocinatis

También preguntamos al periodista Adam Martín, autor del libro Comer para ser mejores, que habla de problemas en el tracto intestinal, de mucosidad y de alergias a causa del consumo de lactosa. Para él, por suerte "la leche está dejando de ser considerada el alimento milagro por excelencia", y hoy en día "numerosos médicos que no están tan influenciados por la presión de las multinacionales, alejados de esos grandes estudios científicos subvencionados, en numerosas ocasiones, por las grandes empresas que están a favor del consumo de lácteos. Estos profesionales, a partir de su experiencia clínica en su día a día, se dan cuenta de que retirando la leche a sus pacientes muchos de sus problemas mejoran". Por este motivo, "es normal que hoy en día levantemos un poco la ceja ante las posibles complicaciones que puede ocasionar el consumo de lácteos".

¿Conclusión? Que en pleno siglo XXI escoger una manera de alimentarse parece más un acto de fe que una decisión racional. Mientras, muchos seguimos cuestionándonos si vale la pena probar, al menos, a abandonar los lácteos, o, como dice Aitor Sánchez, "en muchísimas ocasiones, y no digo que sea el caso de los lácteos, cuando un producto se pone de moda es porque hay otro que deja de estarlo, y muchas veces no es algo casual, sino una campaña orquestada por alguien a quien le interesa que eso pase".

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