Ay, esos modales

Ay, esos modales

Llevas cometiendo faltas de educación en la mesa toda la vida

No estamos hablando de comer con la boca abierta ni de hablar mientras se mastica, sino de otros fallos más sutiles. Seguro que alguno se te pasa.

Aunque no lo creas, cometes errores en la mesa desde siempre.
Aunque no lo creas, cometes errores en la mesa desde siempre. | Pexels

Todos pensamos que, con las cuatro normas de educación en la mesa que nos enseñaron de pequeños, es más que suficiente: no comas con las manos, no sorbas la sopa, no eructes en público y no te limpies con la manga de la camisa. Y ya. Pues no. Resulta que hay cien mil detallitos más que sin ponernos muy ñiñiñiñi ni en modo Downtow Abbey, queremos recordaros aquí para que nadie se vea en la obligación de llamaros la atención. Velamos por vuestra reputación social, como podéis ver.

No empieces a comer sin haber desenrollado la servilleta. Si no, ¿con qué te vas a limpiar? Es un gesto de ansia-viva de manual ese de empezar a comer albóndigas (o almóndigas, que la RAE también lo admite) sin haber colocado la servilleta convenientemente sobre tu regazo. O anudada al cuello si es que vas a comer un cocido madrileño.

Las normas de la mesa están para algo. | Pixabay

No empieces a comer antes de que todo el mundo esté sentado. Ansia-viva volumen dos. Todo el mundo está ya sentado menos una persona por el motivo que sea (ha ido a aparcar, está en el baño, tiene que solucionar algo urgente por teléfono, etc). Espera gentilmente a que se haya sentado para empezar a comer. Es de muy mala educación comenzar antes.

Los cubiertos, colocados de afuera hacia dentro. A todos nos ha pasado: llegamos a una mesa dispuesta para un menú largo y entramos en pánico al ver tantos tenedores y cuchillos diferentes Respeta la regla de ir de fuera hacia dentro y no te equivocarás nunca... a no ser que tu anfitrión se haya equivocado al colocar los cubiertos. Si eso sucede, relájate, no es culpa tuya.

No te incorpores sobre la mesa para coger el pan, la sal, el aceite... De acuerdo, no quieres molestar al resto de la mesa y por eso arqueas el cuerpo para alcanzar el salero, el pan o la aceitera. Mejor espera a que haya una pausa en la conversación y pídele por favor al que esté más cerca que te lo haga llegar. Esto se hace por varios motivos: uno, para no revolotear encima de la comida de nadie y, otro, para que no acabemos derramando nada por llegar únicamente con los dedos.

Respeta los ritmos de los demás. Esto es especialmente importante cuando se comparten raciones con varias personas. Si tu vas a un ritmo de dos croquetas por minuto, le estarás comiendo su parte al que va un poco más des-pa-ci-to. Intenta adecuar tu velocidad de ingesta a la de la mayoría de la mesa paa evitar que te conozcan como el gorrón de turno o "el tío que de una ración de ocho empanadillas, se come seis".

Ojito con cómo nos comportamos en la mesa. | Pixabay

Lleva la cuchara a la boca, no la boca a la cuchara. No te inclines sobre el plato de sopa como si estuvieras haciéndole una referencia a los fideos. Trata de hacerlo al revés y acercarte el cubierto a la boca. Da muy mala imagen estar inclinado sobre el plato como si fuera la primera vez que comes algo líquido. Sabemos que tu objetivo es no mancharte pero relájate, que eres un adulto.

Pasa la comida siempre a tu derecha. Vamos a suponer que es la clásica mesa larga en la que no todo el mundo tiene acceso a todo. De repente, alguien a tu izquiersa solicita que le hagas llegar el puré de patata, la ensaladilla rusa o el cóctel de gambas. Ignóralo: solo debes pasar a la gente que tienes a tu derecha para evitar que la circulación en la mesa se convierta en un caos.

No te chupes los dedos. Sabemos que es una tentación difícil de evitar cuando estás dando cuenta de una chorreante hamburguesa o de unas alitas de pollo con salsa barbacoa, pero compórtate. El comensal que tienes enfrente no tiene por qué presenciar semejante espectáculo, cariño.

Baja el tenedor y el cuchillo cuando no estés comiendo. Aunque vayas a cortar otro trozo de filete a continuación, es mejor que bajes los cubiertos entre corte y corte, bebas un poco o disfrutes de la conversación. Otro gesto que da muy mala imagen es el de agitar tenedor y cuchillo en el aire, gesticulando mientras cuentas algo. Da la impresión de que vas a hacer una escabechina en la mesa.

No comas mirando el móvil. Esa actualización de Instagram puede esperar. Créenos.

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