A no ser que lo uses bien, pero difícil lo tienes...

A no ser que lo uses bien, pero difícil lo tienes...

Siete comidas que te cargas al recalentarlas en el microondas

Hoy analizamos esos momentos en los que sometemos al microondas a pruebas tremebundas con croquetas, pizza o pulpo ya cocido. La solución más efectiva es no recalentar según que cosas.

La has líado, PERO BIEN.
La has líado, PERO BIEN. | Wikipedia

El hombre es un animal que tropieza no dos, sino más de 50.000 veces con la misma piedra. Es más, puede llegarse a hacer coleguita de la piedra. Nos pasa con las croquetas. Llegamos a casa tras una noche de juerga y calentamos las que nos han sobrado de la cena en el microondas. Las sacamos. Nos abrasamos la lengua con una cosa blandurria que no parece en nada a la croqueta crujiente que habíamos disfrutado horas antes…

Es cierto que hay determinadas comidas que no parecen haber sido creadas para ser recalentadas en el microondas. A continuación, os decimos cuáles son y qué alternativas hay:

Croquetas. Empezamos por ellas, ya que las hemos puesto como ejemplo. No solo las croquetas, sino las empanadillas o los nuggets de pollo se vuelven rebozados babosetes al ser recalentados.

Solución: Muy difícil, prueba con mucha potencia y tiempos muy cortos. Y reza a tu Dios.

Espinacas. Su alto contenido en nitratos puede volverse tóxico –transformándose en nitritos- por efecto del calor del microondas, así que piénsalo bien antes de darle caña a ese salteado con este vegetal.

Solución: Mejor comerlas a temperatura ambiente.

Pulpo cocido: Un clásico del recalentamiento problemático. Aunque queramos resucitar ese plato de pulpo a la gallega, solo conseguiremos darle una textura gomosa si lo hacemos en el microondas.

Solución: A potencia muy baja y bien tapadito, quizá lo salvemos.

Pescado: Para poder apreciar un pescado como el bonito o el atún es conveniente no cocinarlo demasiado. El microondas puede provocar que se cueza, con lo que se resecará.

Solución: Tápalo siempre, por el olor, y calienta a baja potencia.

Champiñones: Cuidadín, porque gran parte de su composición es agua y si los metes en el microondas a capón pueden, ¡bum! explotar y dejarte el interior del cacharro perdido.

Solución: Piensa en si de verdad te merece la pena calentarlos y, si lo vas a hacer, ponlos durante un tiempo corto.

Pan: Desastre asegurado en cuanto a textura. Un pan delicioso puede convertirse, de golpe y porrazo, en un engendro sudoroso. Meter el pan en el micro es una ruleta rusa.

Solución: Envuélvelo en papel absorbente y reza porque mantenga su dignidad. Si no de pereza, caliéntalo en el horno (sí, en eso, que tienes debajo de la cocina).

Tocino: Otro candidato a explosiones en el interior de tu microondas. Si la última vez que sometiste un plato de cocido a un pim-pam rápido, quedó todo como si hubiera habido una fiesta de Magaluf, ya sabes qué ha ocurrido.

Solución: Siempre que vaya en guiso, caliéntalo a fuego suavecito, en olla, para que no se agarre.

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