Y tú pensabas que era fácil... ay...

Y tú pensabas que era fácil... ay...

10 errores que sigues cometiendo con... ¡el sándwich mixto!

Una de nuestras cenas favoritas: pan de molde, jamón cocido, queso y mantequilla o aceite. Así de fácil... o no. Este emparedado puede acabar en desastre incomible si no evitamos una serie de errores. Allá vamos.

Un sándwich mixto libre de errores...
Un sándwich mixto libre de errores... | Flickr

Ahora hay gente que lo hace de pastrami o que se curra el pan con masa madre en casa... que sí, que podemos sofisticar lo que queramos un emparedado con pan de molde pero, oigan ustedes, lo más básico es el sándwich mixto de toda la vida. Aunque pensemos que lo del jamón york y el queso está superado, nada más lejos de la realidad... clavar un bikini, un mix-to parece lo más sencillo del mundo, pero hemos recopilado 10 momentos críticos que pueden hacer que s convierta en un bocado incomible.

Evita que el pan esté reseco. Aunque suele tener una vida bastante larga, el pan de molde va perdiendo facultades a lo largo de su vida por no cerrar bien la bolsa, por ejemplo. Antes de ponernos a prepararlo, conviene comprobar que la miga está suelta y blandita.

No es lo mismo un jamón que otro. Entre el "fiambre de cerdo" cortado perfectamente con forma cuadrada y el jamón york eco sin añadidos y de cerdo seleccionado hay un mundo... Cuanta más calidad tenga, más rico sábra nuestro sándwich. No caigamos en el viejo error de "total, como es para un sándwich...".

Que el queso también sea bueno. Con el queso lógicamente pasa lo mismo, se trata de que sea queso de verdad, no una gelatina amarillenta que funda más o menos bien. En este sentido, si tenemos un manchego loncheado o un gouda o un havarti, conseguiremos un emparedado mucho más sabroso.

Pon el queso en el medio del jamón. Un viejo truco para evitar que el queso se desparrame o no se una adecuadamente al jamón york. De esta manera, los ingredientes se juntarán y tendremos un sándwich mixto con los sabores mucho más integrados.

La mantequilla, del tiempo. Extender en las rebanadas la mantequilla sacada directamente del frigorífico es una tarea, cuanto menos, complicada. Es recomendable sacarla un rato antes de la nevera con el objetivo de que no esté como una piedra.

¿Y si la sustituyes por aceite de oliva? Ojo, porque esto no es nonguna tontería. Si untamos la sartén con aceite de oliva conseguiremos el mismo efecto, pero con una grasa mucho más saludable.

Utiliza una sartén en buen estado. Ay, cuántos sándwiches se habrán perdido por haber sido preparados en sartenes que se pegan. Qué drama, ¿verdad? Comprueba antes de prepararlo que la sartén continúe siendo antiadherente.

Ponla a fuego lento. No le metas mucha caña si no quieres que el sándwich acabe carbonizado. Lo ideal es hacerlo a fuego medio y dándole la vuelta un par de veces para que se haga adecuadamente por cada lado. Lo ideal es que toda la superficie esté doradita por igual.

Que el jamón no toque la sartén. Hay que procurar que el jamón no cuelgue por fuera de las rebanadas para evitar que entre en contacto con la superficie de la sartén y se queme antes de que el sándwich esté hecho.

Ni muy caliente, ni frío: templadito. Tan equivocados están los que se comen el sándwich como ansiasvivas según sale de la sartén como lo que se los toman ya frío. La virtud está en el punto medio: que esté templadito para que no no quememos ni lo comamos ya reseco.

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