CON TODOS LOS QUE TE HAS TOMADO Y AÚN NO SABES HACERLO

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10 trucos para un gin-tonic 10

Sigue estando de moda pese a que algunos gurús le auguraban un final abrupto en favor del vodka-tonic o de la coctelería creativa en general. Y nunca llegó el declive pese a que sí se ha producido un auge de las otras tendencias, lo que confirma que la coctelería, así en general, está que se sale. Aquí van los diez secretos para elaborar el gin-tonic perfecto aprendidos mediante un arduo trabajo de campo, interminables noches apostados en una barra de bar para poder dotar a este artículo del rigor periodístico que se merece.

Beberlos se nos suele dar mejor que hacerlos. | Cocinatis

1- Copa balón siempre. Sí, el vaso de tubo es más fácil de sostener. Ok, ocupa menos en nuestra cocina. Vaaaale, te permite bailar mientras lo agarras. Y además, y aquí va el argumento definitivo, es lo que se ha hecho toda la vida. Pero si quieres hacer un buen gin-tonic tienes que agenciarte un set de copas balón que relegarán al olvido a tus vasos de tubo. El hecho de que cuando vas a dar un trago a una copa balón ésta te encierre prácticamente toda la cara no es casualidad: lo más preciado del gin-tonic son sus aromas y este recipiente hace que los puedas sentir del primero al último, que te cubran prácticamente todo el rostro, es decir, que te embriaguen. 

2- Lima, por favor. Es más difícil de encontrar, a veces no hay en el súper, y uno tiene siempre en su nevera algún limón que sobró de la paella del domingo. Pues lo sentimos. Para un buen gin-tonic siempre lima, y jamás exprimida. Un buen método es cortar la corteza en láminas muy finas, hacerles un corte por la mitad sin llegar a partirlas e introducirlas en la copa. Un sí rotundo, por supuesto, a rociar el borde la copa con la corteza de la lima. 

3- Hielos de calidad. ¿Qué queremos decir con hielos de calidad? Tampoco pedimos que estén elaborados con agua liofilizada recién traída de un manantial escocés (hecho real), sino simplemente que a) no estén hechos con agua del grifo, b) sean del mismo tamaño y c) estén herméticamente cerrados en el congelador, garantizando así un sabor absolutamente neutro. 

4- No abusar de los ingredientes. Parece mentira, pero es verdad. La ginebra ya es de por sí rica en matices por lo que no conviene añadirle excesivas florituras. Lo contrario ocurre con el vodka-tonic, pues el sabor seco y neutro del vodka le permite mayor juego con los acompañamientos. Basta con 8 cl de ginebra, 5 hielos medianos, tónica hasta completar la copa y lima. Nada más. 

5-Ni hablar de tónicas aromatizadas. Si buscamos un gin-tonic 10 nada de experimentar con las tónicas de sabores. Si lo que nos place es crear un combinado-chuche que se aleja de la esencia de la bebida que nos ocupa, entonces adelante. 

6- Sí a la Tónica Dia. Pues si, paradojas de la vida. La tónica Dia sigue siendo de las más valoradas cuando se realizan catas a ciegas, tanto por profesionales del sector como por aficionados. El motivo, su potente burbuja y su sabor neutro, que otorga todo el protagonismo a la ginebra que escojamos. 

7- No a la tónica de litro y medio. Es igual que tengas que hacer gin-tonics para siete: botellín de cristal abierto al momento para todo el mundo. Esto nos remite al punto 6: si estamos en confianza y no tenemos una ginebra premium que merece una inversión en tónica, la tónica marca Dia puede ser un caballo ganador. 

8- Pajitas jamás. El gin-tonic no es un daiquiri.

9- Tomátelo despacito. El gin-tonic es el long-drink por excelencia, que invita a saborear y disfrutar de cada trago. Algunos lo han definido como la clásica bebida de mujeres, frente al whisky on the rocks como trago típicamente masculino, pues ambos reflejan bien el talante de cada género. En cualquier caso, parece obvio que el gin-tonic no es una bebida que invite a ser engullida de dos tragos en una pista de baile (para eso está el ron-cola), sino más bien en una coctelería con luz tenue y jazz de fondo. 

10- Y aquí un consejo filosófico: no te tomes al gin-tonic demasiado en serio. Beber es una fiesta y como tal conviene observar la preciosa copa balón repleta de verdura con cierta distancia y, con ella, ironía. No hay nada peor que el bebedor concienzudo de gin-tonics que perora sobre los matices de tal ginebra o almacena en su cabeza marcas desconocidas de tónicas lituanas pese a que no se acuerda de qué cenó ayer. El gin-tonic, señores, nos está pidiendo a gritos desde hace años que nos lo tomemos con un poco de sorna. Y no nos acaba de salir.

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