IDEAL PARA 'WINELOVERS'

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El Guggenheim del vino está en Burdeos

En la ciudad francesa de Burdeos ha abierto hace unos meses La Cité du Vin. Un museo con vocación a acercar al gran público la cultura del vino del mundo. Y ello de forma didáctica.

La Cité du Vin de Burdeos | La Cité du Vin de Burdeos

El pasado mes de junio abrió sus puertas en Burdeos La Cité du Vin. Este ambicioso museo, nacido con vocación de ser el mayor (y mejor) acercamiento didáctico a la cultura del vino del mundo, propone una visión moderna y diferente al universo de Baco. Su objetivo: romper el estereotipo que asocia el vino a lo viejuno, lo incomprensible y lo snob; y lograr que los caldos pasen a ser aptos para todos los públicos.

El proyecto nace pisando fuerte, con la firme voluntad de convertirse en lugar imprescindible para los visitantes de la ciudad. Lo proclama su arquitectura: un edificio imponente y singular, de acabados metálicos donde el reflejo de la luz proyecta formas fluidas que recuerdan al movimiento del vino en un decantador, y que ya se ha convertido en un emblema del skyline de Burdeos. Por eso a sus impulsores les gusta referirse a él como “el Guggenheim del vino”.

La Cité du Vin de Burdeos. | La Cité du Vin de Burdeos.

Pero… ¿y por dentro? La Cité du Vin aborda todos los aspectos del vino: desde la viña y la viticultura, hasta las diferentes regiones, la historia de los productores, el análisis de las rutas comerciales, su relación con la cultura…

Al recorrido permanente, que ocupa tres de las 10 plantas del edificio, se suman diferentes espacios didácticos (imprescindible la degustación poli sensorial), una biblioteca con más de 10.000 referencias, tres espacios gastronómicos -dos a pie de calle y un restaurante panorámico-, varias exposiciones temporales, una bodega con vinos de los cinco continentes y una concept-store capaz de vaciarle el bolsillo a más de un winelover.

Uno de sus máximos aciertos es haber optado por un enfoque global pese a ubicarse en una de las regiones vitivinícolas más emblemáticas del mundo.

Lo primero que se encuentra el visitante que accede al recorrido permanente de La Cité du Vin son tres enormes pantallas que reproducen impresionantes grabaciones a vista de pájaro de regiones vitivinícolas de 17 países del mundo. Y eso sólo es un aviso: a partir de ahí, se suceden los impactos audiovisuales e interactivos que dejan con la boca abierta, muy lejos del concepto tradicional de museo.

La Cité du Vin de Burdeos. | La Cité du Vin de Burdeos.

La exposición está planteada como un itinerario libre, interactivo e intuitivo, que se realiza con la ayuda de una guía electrónica individual. Los más curiosos (y resistentes) deberán prever una pausa para hacer un tentempié, ya que la visita puede alargarse. Sólo el material audiovisual accesible representa más de 10 horas, sin contar las barras de aromas ni el muro de tendencias vitivinícolas.

La visita termina en el mirador de la última planta con una degustación. En su selección semanal caben todas las regiones, y es posible catar vinos de los países más inverosímiles (yo probé un tinto ‘made in China’ que logró vencer mi escepticismo).

El complemento ideal a la visita es acercarse al Musée du Vin et du Négoce en Les Chartrons, el antiguo barrio de los comerciantes de vino. Está ubicado en lo que fueron unas antiguas cavas, lo que permite hacerse una idea excelente de cómo funcionaba el negocio en los siglos XVIII y XIX (¿sabías, por ejemplo, que fueron los holandeses los que impulsaron el comercio del vino de Burdeos?). Aunque de tamaño modesto, los mapas, antiguos objetos y herramientas, maquetas… así como los amplísimos conocimientos de sus responsables lo convierten en visita imprescindible para amantes de la historia y familias con niños.

¿Por qué ir ahora? Al margen del atractivo foodie o winelover, Burdeos está viviendo un segundo despertar. La ciudad, que mira al río Garonne gracias a la rehabilitación de los muelles, bulle de vida sin estar asediada por el turismo. Su tamaño es asequible, el clima es bueno, la arquitectura haussmaniana es preciosa (por algo la llaman Le petit Paris –el pequeño París- o La belle endormie –la bella durmiente-), florecen los centros culturales y el tránsito es totalmente bike-friendly.

La Cité du Vin de Burdeos. | La Cité du Vin de Burdeos.

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