¿Eres más de whisky o de anís?

¿Eres más de whisky o de anís?

Dime cuál es tu bebida de sobremesa y te diré cómo eres

En vacaciones las sobremesas se alargan y hay que llenarlas con cafés, dulces, frutos secos y, sí, alcohol. ¿Prefieres tomarte un cóctel sofisticado o eres más de copita de anís? Dependiendo de lo que elijas, te explicamos cómo eres.

¿Potaje de vigilia? Terminado. ¿Bacalao con tomate? Game over. ¿Torrijas? Bye, bye. Llega el momento de encarar la larga sobremesa de una comida de Semana Santa. Sabes que has comido mucho y que necesitas estar un rato en el sillón orejero. A ser posible, con una copa en la mano, disfrutando como un burgués de una sobremesa. A lo mejor, con microsiesta incluida. Solo falta el Tour de Francia en la tele. Vaya, aún faltan tres meses. Bueno, a lo que íbamos. Eliges tu bebida de sobremesa y eso TE DELATA.

Pides... anís. La primera reacción de todos es de asombro. De todos, salvo de tu tía abuela con el pelo azul que se levanta ceremoniosa, se mueve hasta el mueble bar y te pone una copa mientras asiente con la cabeza.

Diagnóstico Cocinatis: Eres una auténtica señora mayor. Da igual tu verdadera edad, si pides anís para rematar una comida llevas a alguien de la tercera edad en tu interior. Vete planeando viajes con el Imserso.

Pides... un cubata. En vaso largo, con hielo a tuti plén. Puede ser un ron con cola, por ejemplo. Lo trágico de esto es que nadie te sigue y todos continúan apurando el café mientras murmuran por lo bajini.

Diagnóstico Cocinatis: Estás desubicado y/o estresado. Tomaste una caña antes de comer, una botella de vino (tu solo) en la mesa y ahora quieres seguir con la fiesta alcohólica sin darte cuenta de que estás con la family y no con tus colegas. En media hora estarás con los auriculares puestos escuchando tralla en la soledad de tu habitación. Y todo será muy triste. Quizás llores.

Pides... un licor regional. Tu decisión genera una mezcla de sorpresa y satisfacción. Si lo haces en casa, te acabas de ganar a tus padres. Si lo haces en los dominios de tu familia política, habrás subido muchos puntos. Da igual que sea patxarán, licor café o cualquier otra versión contemplada en un estatuto de autonomía como símbolo.

Diagnóstico Cocinatis: Te ha dado un ataque de nostalgia o eres un estratega de primera. Da igual, el caso es que la elección ha sido la correcta. Eso sí, no te bajes la botella. Pon freno a la euforia.

Pides... un gin tonic. A ver, tu decisión es más o menos buena. Dependerá de si haces el maula echándole fresas a una copa de balón o si pronuncias algún ranciofact tipo "es que es muy digestivo".

Diagnóstico Cocinatis: Puedes ser una persona que va a la moda, un hijo de su tiempo, o un ente sin personalidad. Estaremos observándote y decidiremos en función de si pides alguna marca rara, si pronuncias la palabra twist para hablar de la corteza de limón o si mencionas a la Reina de Inglaterra. A ver que pasa.

Pides... un cóctel. Lo viste en una película, pero no en una de verdad, sino en una tv movie que se llamaba "Decisión infernal" o "Traición mortal". Lo hacía una chavala que remataba una comida en Bervely Hills con un Manhattan o un Daiquiri.

Diagnóstico Cocinatis: Te has convertido automáticamente en el/la excéntrico/a de la familia. Quizá te pongan hasta una banda con el título que vaya del hombro a la cintura. La cordura es ahora, y en tu caso, un recuerdo muy lejano.

Pides... un Baileys. ¿No eres muy de beber, tú, no? Te daba cosa por si acaso alguno te tachaba de soso/a y, al final, te has decidido por pedir lo que más se parece al cafecito con leche que te estás tomando y que era lo que más te apetecía. No mojes un pestiño en el vaso, por favor.

Diagnóstico Cocinatis: Por la noche, tomarás una tónica y se te formará un bloque en el estómago tipo edificio de Calatrava. O no, igual es una leyenda urbana.

Pides... un whisky. En vaso ancho y con hielo. Muy bien, eres todo un dandy. Eso sí, si lo que tenías en mente era tu propia imagen en batín, en una butaca al lado de la chimenea y acariciando un mastín, olvídate: estás en el comedor de la casa del pueblo, con toda tu familia apretujada en el sofá y el bebedizo que te han colocado no es escocés, sino que proviene de un polígono industrial cercano a Despeñaperros.

Diagnóstico Cocinatis: No enviaste tu nave a luchar contra los elementos, pobrecito mío.

Pides... Fernet. Todos te miran en plan WTF. Muy digno, acudes a tu maleta y sacas una botella del mítico digestivo argentino. Te pones un vasito y empiezas a tomarlo en plan sorbitos mientras todos siguen sin entender nada.

Diagnóstico Cocinatis: Eres argentino. O al menos deseas ser uno de ellos. Las razones pueden ser múltiples: tienes vocación de psicoanalista, eres del Barça o ligas poco y buscas hacerte pasar por un rioplatense con labia. Y la transformación, según has decidido, empieza con un Fernet.

Pides... limoncello. Acabas de hacer feliz a tu madre: por fin, alguien acabará con la botella que trajiste de Erasmus hace 10 años y que ocupa mucho espacio en la despensa.

Diagnóstico Cocinatis: Eres un héroe.

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