Trucos para compatibilizarlo

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Cómo tomar café y seguir durmiendo bien

Todo el locurón veraniego tiene que dejarse atrás con el fin del verano. Si no queremos renunciar al café, conviene seguir unos consejos para no perder el sueño.

Beber café y dormir, SÍ SE PUEDE.
Beber café y dormir, SÍ SE PUEDE. | Pexels

Llegó la hora de volver al curro, de retomar los hábitos de todo el año y de acostarse más tempranito. Si nos hemos pasado por el arco de triunfo todo en vacaciones, toca que nuestro cuerpo se regule. Uno de los temas más polémicos suele ser el de acostarse prontito para levantarse temprano al día siguiente: un drama si llevamos trasnochando más de un mes. Aquí el café y su consumo puede ser un enemigo declarado de nuestros buenos propósitos. Kaiku Caffè Latte nos da algunos consejitos para que el exceso de cafeína no interfiera en nuestro regreso a las buenas costumbres.

Hay que tomarlo a la hora correcta. O, en caso contrario, descafeinado. Existe la creencia popular de que tomar un café nada más despertarnos es la clave para iniciar las actividades del día con el extra de energía adecuado, aportado por la cafeína. Sin embargo, debido a los altos niveles de cortisol (relacionados con un estado más activo y alerta) que nuestro cuerpo produce tanto a primeras horas de la mañana como en picos a lo largo del día, lo mejor será no interferir con la producción de la hormona y consumir café entre las 10 y las 12 del mediodía, y las 2 y las 5 de la tarde1. De este modo, la cafeína cumplirá el objetivo de ayudarnos a permanecer más activos.

Si no queremos renunciar a nuestro café de la tarde, lo mejor será tomarlo… antes de una corta siesta. La cafeína tarda 45 minutos en ser completamente ingerida; pero bastan 15 minutos para que empiece a hacer efecto. La prueba definitiva de que café y sueño no están reñidos es la llamada 'caffeine nap' y que consiste en tomar el café antes de una breve siesta de 15 minutos, lo que nos garantiza un breve sueño reparador del que nos despertaremos con la energía suficiente para afrontar la tarde y llegar a la noche cansados de nuevo, y listos para dormir.

Tomarlo frío. Tomar el café frío representa una gran ayuda para acostumbrar al cuerpo a tomar café a las horas en las que más le conviene: relacionar el café con un momento de refresco y placer (asociado más al café frío que al café mañanero caliente) en la horquilla del día que corresponde ayudará a aprovechar los
beneficios del café (hidratación, complemento antioxidante, rendimiento físico, protección contra  un amplio abanico de enfermedades) sin entrar en conflicto con la rutina de sueño diaria. Optar por café cuando necesitamos entrar en calor sí puede perturbar esta rutina: por ello, tomar el café en frío y optar por infusiones sin teína cuando necesitemos una bebida caliente será la solución idónea.

Reducir las tomas diarias. En verano, probablemente debido al mayor número de horas de ocio, la ingesta de café aumenta. Tenemos el café de mañana, el de media mañana, el de después de comer, el de media tarde con los amigos... Con la vuelta al trabajo, se reducen el número de ocasiones, con lo que es probable que también disminuya la cantidad de tomas que hagamos.

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